YANIRA SOUNDY

        "De las profundidades viene su voz, y por eso trae el rocío de una milenaria tristeza, la del sueño de existir, la de la vigilia pavorosa del absoluto; la tristeza radiante de las almas elegidas para darse cuenta de que somos una gota de sed en mitad del salado océano de los presagios."... Comentarios sobre el estilo poético de Yanira Soundy por el poeta David Escobar Galindo.
 

       Nació en San Salvador el 6 de noviembre de 1964. Abogado y Notario graduada de la Universidad Doctor José Matías Delgado (1991). Escribe las primeras líneas de sus cuentos y prosas poéticas en las páginas de LA PRENSA GRÁFICA a la edad de 19 años. En 1987 publica en "FILOSOFIA, ARTE Y LETRAS" de El DIARIO DE HOY, y colabora también con artículos y reportajes sobre Derecho de Familia, Derecho de Menores, deserción escolar, problemas sociales y ecológicos de El Salvador.
       En este hacer periodístico ganó el Premio Nacional UNICEF - Prensa Escrita en 1992; Ganadora Juegos Florales de Santa Ana (1996) con la obra "Los amigos verdes"; Ganadora Juegos Florales de Zacatecoluca con la obra "Sílabas Celestes" (1997); Premio Fundación Santillana para Iberoamérica 1997-1998 con el trabajo "Comunicación total para niños sordos"; ha participado en numerosas entrevistas y programas de televisión tales como: "Fuego Cruzado", "Lo nuestro", "Buenos Dias", entrevista sobre la repatriación de miembros de las maras desde USA en Televisa-Mexico; diversas entrevistas en Canal Doce, Punto de Vista (canal 21), entre otros.
      
Yanira publicó su primer libro: "En mi soledad". (La Prensa Gráfica 15 de abril de 1989). Entre sus obras publicadas tenemos: "En mi soledad" (Poesía en Prosa), "Tiempo sin ausencia" (Poesía en Prosa) y el poemario "Esperanza Frustrada" que forma parte del libro "Los Niños Viejos".
       
         Libros inéditos: "En la Espiral del Tiempo" (Novela), "Sílabas Celestes" (Cuentos y poesía en prosa para niños ganadora de Juegos Florales de Zacatecoluca 1997), "La Naturaleza Bajo un Sol de Agua" (Poesía en Prosa), "Los Niños Viejos" (Poesía en prosa), "Los Amigos Verdes" (Una recopilación sobre los árboles más hermosos de El Salvador en una forma poética , ganadora del Premio Juegos Florales de Santa Ana 1996), "Invierno" (Poesía en prosa sobre los grandes temas de la vida) y "Manos Mágicas" (Poesía en Prosa para niños sordos).
        "Está comprobado que toda obra, cuando quien la escribe no pertenece a los círculos consagrados, es mirada en un principio con cierto escepticismo y llueven sobre ella los más variados comentarios, especialmente cuando es una mujer la que incursiona en el cerrado y excluyente mundo de la llamada intelectualidad. Se observa que hasta la poesía está regida por el concepto de desigualdad entre los sexos. El amor, los labios, los cuerpos, los besos, las caricias , pueden mencionarlos libremente los hombres, pero cuando emanan de la pluma de una mujer joven y bonita, como la autora de "Tiempo sin ausencia", el asunto se vuelve tabú. Por eso me gusta esa poesía fresca y juvenil de Yanira, cuando canta al amor en versos impreganados de sutil inspiración..."...  Licenciado CARLOS DRIÓTEZ - Revista Semana.

LLAMAS HÚMEDAS

I
Bésame hondo y agudo, con un amor de viva llama; con sed,
intensa, fuerte.
Bésame en la rasgada noche, mientras tiemblan las aves del
cielo. Ciñeme a la rosa más leve, al silencio total, a la última
estrella.

II
Quiero la trémula sombra de un ave, para oírte en el vuelo del
silencio, y dormir en ti, con el beso de tu honda, en tu montaña
pálida, con un poco de alas.
Nocturno mar, sube silencioso hasta mis senos, déjame sentir tu
paso enlazado de espumas y ser toda tuya, sobre llamas
húmedas.

III
Hoy el alma me pesa. Todo se apaga en mí, en un palpitar leve
fundido a mi cansancio. En la sombra que te sigue susurrando,
por este camino que es olvido y distancia.
Todo se apaga: este canto quieto en tus orillas, esta prisión de
sangre y niebla.

IV
Llévame lejos de este mar sin límite, de estas olas frías que se
agolpan a mi paso. Quiero apartar mi barca de su orilla nocturna
y reanudar el viaje.
Quiero beber la luna en tu jardín de sueños. Llévame a ver crecer
la hierba en el canto de los pájaros, con el último reflejo del
verdor terrestre.
Seamos un corazón de viento y el color distinto en las auroras.
Tú y yo, en la primera lluvia que cae en el recuerdo.

V
Llévame lejos de este sosiego, quebrado en mis palabras, ebrio
de llanto.
Llévame a un refugio de medusas y pálidas diademas; seré tu
paisaje adherido a la piel de tu alma.
Rastrearé tu fulgor y correremos juntos sobre las gotas más
finas, alargando el paso en este viento que gira.
Llévame a otro canto que no oímos, a otra plenitud.
Llévame a una dormida inmensidad de luz donde el alma se
desnude.
No quiero ser más el follaje de la bruma.

VI
Voz de largo cielo; ida de mí, y a la vez tan mía.
Isla de amargura, perfil ardido, hora sin luna.
Ritmo interminable y entrecortado.
Hombre que acrecienta mi nostalgia, llama votiva quemando los
recuerdos.

VII
Es una sed de tenerte, un fuego contenido, inagotable canto, un
deseo que duele como fruta caída...
Una sed de sentirte como río creciendo entre mi tacto.
Un nudo de sollozos, un dolor que llora a las estrellas.
Es una sed mudable al no llegar y alejarme como un pequeño
mar o espuma de ola, donde mi voz se vuelve árida.
Una sed de arrasar las márgenes del tiempo...

IIX
Labios imbesables y ausentes, que agigantan mi sed de
lágrimas congeladas. Dichosos silban a las hojas del alba, al
perfume invencible, a los rayos celestes que se adueñan de mi
forma.
Labios imbesables y ausentes, que envuelven mi presagio.
Húmedos, abiertos a la luz, desnudos sobre tu cuerpo
adormecido. Roca y marea, de un corazón que fue noche y fue
desierto.
Labios imbesables y ausentes, islas de cielo, hojas entrelazadas,
prado verde. Recorren las palabras y abren sus alas, en esta
playa mía.
Labios que hieren como astillas, labios de fiebre, de fuego
oscurecido.

POR FAVOR DETENTE EN LA PRÓXIMA ESTACIÓN

        Tú en mis brazos y en tus ojos el ardor de mis sentidos. El majestuoso tren corre aprisa buscando el valle de la vida. No me dices nada. Yo tampoco hablo. Aprendo de memoria tu cuerpo y de todo emerge un algo profundo. En la ventana miro volcanes, cafetales y cañales que cortan el horizonte. Me besas como nunca alguien me ha besado antes. Yo en tus brazos y en mis labios un “si” envuelto en llamas. Me amas con un amor que brota agitado y fuerte. Pasajero del tiempo de una vida mas plena , donde el corazón es el silbido de una locomotora en marcha. Amor de brasas. ¡Cuántas cosas hermosas dice el hombre cuando ama! ¡Cómo sabe contar historias desmadejando palabras! Así las noches en el tren. Las mujeres reían de cuando en vez con sus risitas inquietas, los hombres tomaban y charlaban. Algunos ponían gestos sombríos después de despedirse de sus mujeres en las estaciones. Artistas, bohemios, familias enteras, todos en un susurro de voces distantes.
       Azota el viento de la mañana, ha terminado nuestro viaje. Una pena oculta se derrama en lágrimas. Te miro arropado entre las sábanas mientras escapo de puntillas en silencio. Bajo del tren con la esperanza de poder destrenzar tu recuerdo, pero las
estaciones y los trenes me quiebran como vidrio y sólo vienen días tristes. Amor de brasas, miro el cielo y lloro. Hoy las estrellas me hablaron de tu nombre y el silbido de las locomotoras lloraron por tu ausencia. Te fuiste con la tarde -una tarde cualquiera- y tu recuerdo hoy naufraga y se prolonga, se deshace en el humo y nace nuevamente eterno.
       Has quedado grabado para siempre, eternizado en un vuelo de pájaros primaverales.
       En cada estación se ha quedado algo nuestro, en las despedidas, en los ojos, en nuestras bocas. Viene el misterio de la ausencia. Los días y las noches, las horas y segundos sumidos en una silla de vagón, mientras pienso en todo lo que he dejado atrás. ¿Sabes? Nuestras vidas son como los ferrocarriles, con sus cuerpos vagabundos, que rompen los silencios y los montes. Hemos vuelto una y otra vez a los rieles sin consuelo de nuestros corazones errantes y las noches escapan mudas, asombradas y solas. En cada estación se ha quedado algo nuestro, en las palabras, en la voz, en nuestras manos. Hemos sido ríos en la sierra y espuma eterna dentro de los mares. Pero hoy, tú vas a las ciudades, yo a los montes. Tú caminas lejos de la inquietud de los velámenes, yo hundo mi rostro en las corrientes de los aires. Tú te pierdes al norte, yo voy al sur. Tú persigues a las gaviotas, yo busco la sombra en los manglares. ¿Pienso en si volveremos algún día a encontrarnos? Sin el dolor de lo imposible ni el cansancio al no perdernos. Lejos de esta vida que se escapa indefinidamente, donde mis oídos no cesan de buscarte en cada silbido de las locomotoras y en cada fogonero que curva el horizonte. ¿Olvidarás mi rostro, mis campos, las montañas, los ríos y mi olor a pena y lluvia? No sé. Yo, sigo pensando en ti . En tu recuerdo que cae, se resbala y me acaricia. En el deseo que llega largamente a disfrazar mi tristeza entre otros brazos. Y regresas... Me dices que nos detendremos en otras estaciones, con otros suspiros en el pecho, otra fogocidad, otro deseo. Estaciones de fuentes y risas en los labios. Estaciones secas y de nidos desiertos.
       Pero se alejan los sueños y nuestras vidas se vuelven trenes que mueren poco a poco.
       Y te marchas...Y mientras tú vas al sur, yo vuelvo al norte. Tú descubres las arenas y los collares de espuma. Yo siembro la tierra . Tú te precipitas en los arroyos, yo nado en la luz de las estrellas. ¿Pienso en si volveremos algún día a encontrarnos?
Y casi sin voz, huyo entre dos paralelas negras, aterida por el frío y la soledad. Amor de estaciones, despedidas y contornos extraños. Vivo aguardando el milagro de coincidir contigo en las vías de algún tren y poder amarte al fin sin más cadenas. Los brequeros agitan sus lámparas verdes y rojas y los árboles elevan sus brazos hacia las estrellas.
       He olvidado mi equipaje y mi boleto dentro de tus dudas y hoy te digo hasta
pronto en la distancia.
       ¡Favor detente en la próxima estación!

RINCÓN DE SUEÑOS

Prefiere verse rubia de polen que llenarse de perfume.
Lleva en la mirada la luz de las luciérnagas
y bajo sus alas blancas, una canción de niña que arrulla a sus muñecas.
Hace sonar sus piedrecillas de colores y lee mis libros con sus vocales sueltas.
Cuando empieza la lluvia, llena su cuarto de sonrisas,
porque caen cristales del cielo y se alfombra el suelo con charquitos.
En un rincón de sueños,
trae el cuento del "Patito Feo" para que yo le invente paisajes de fresas
con leche y nubes de azúcar, de redondas toronjas y mangos rosados.
Enlaza al corazón del alba, un ancho racimo de alegrías.
Juega a ser misteriosa como un ave,
y pasa sobre el secreto del tiempo cantando a los bosques del invierno.
Mira islas blancas de cielos y alondras
que anidan con invisibles vuelos.
Juega con el chocoyo parlanchín verde y nervioso,
que vuela como pájaro de mar sobre su pecho.
Llena cajitas de caracoles, hojas y flores, improvisando torres.
Prefiere gotas de rocío a muñecos de felpa.
Es una niña que goza con atrapar ríos de astros
para hacerlos el surtidor de su risa encantada...
Me busca con sus manos firmes
para hacer viajes imaginarios a países blancos,
hasta un rincón de sueños
donde la vida apenas empieza..

CÁSCADA DE METÁFORAS

Leo tu libro, me invaden de pronto los recuerdos; las palabras que hiciste nacer y desprenderse como gota de luz.
Para tí, soy tan sólo una chiquilla, un beso soñado en tus noches tristes, una mañana de verano, una inmensa ternura...
No quiero más tu indiferencia . Acercáte, pon humedad en mis labios resecos. Lléname con la ansiedad de un abrazo.
No trates de entender el sueño que he vivido, ni mis velas abiertas al viento o mi corazón hecho pájaro en la sombra...
Deja que tus labios se encuentren con los míos y mi voz vibre extraña en tus oídos.
Quiero escucharte leer y cobijarme bajo tu dulce misterio....
Ser tu llama viva, brisa en abril, hoja otoñal...
Ven a este espacio sin límites, como un niño perdido a una selva de ternura.
Escucha el canto perenne de los pájaros.
Quiero ser para tí el agua que brota de un manantial, la niña romántica, la sombra melancólica que mira las cosas con nostalgia...
Contigo me siento aprisionada en una lenta frescura...
Tú: Viva cascada de metáforas, enséñame a tejer tu malla lírica con los azules hilos del ensueño.

NIÑO DE VIENTO
Volví a estremecer mis entrañas. Era la hora de la
estrella, la hora en que llegarías a mi vida, desde un
barco peregrino cargado de deseos.
Era la hora y así llegaste, acariciándome
el corazón con
el milagro de un latido, que se llenó de asombro
con mis sueños.
Volví a estremecer mis entrañas
y en mi vientre creció tu
amor prisionero,
era la hora de la estrella, la hora en que
llegarías a mi vida desatando la luz
en la sonrisa de los cielos.
Era la hora de volar y posarte sobre mis alas, para
dejarte ir en los ríos del viento
y encontrar mis huellas en
universos de flores y campos sonoros.
Para jugar a ser noche, cielo y sol.
Para bañarte de luz y
aprender palabras entre hojas.
Para conocer mi voz y sentirte mi dueño,
bebiendo los colores como vino de lluvia.
Era la hora y así llegaste, amor silencioso que se
perpetúa fundiendo sus ansias en las mías.
Anclado en mi puerto con la eternidad del agua
y el recuerdo.
 
 
ESA MUJER
Soy esa mujer, la que no amas. El seno desnudo de tu agónica luz, el enjambre prendido de tus ramas, el cristal
que sueña tu mirada.

Soy esa mujer, la que no amas.
Breña, mata, punzante jarra, calle muda por donde no se escuchan tus pasos
y cuerpo desnudo para el eclipse de tus ojos.

Soy esa mujer, la que te toca demente.
Mil veces presa de ti en la delgadez del agua.
Pecho en fiebre que ambiciona tus besos, solo, adusto, hecho pámpano ardiente.

Soy el anhelo inseguro que te acecha,
la palabra que se deslíe de tus labios húmedos chispeante entre la niebla.

Soy esa mujer, la que espera por ti,
y sigue la ruta de tus manos, tu cuello,
tu voz y tus caminos.
La que guarda tu pasión,
desafiando al escollo y la calma,
olvidando tu incansable deseo de volar,
y ser en mí tan sólo agua al
trasluz y cielo de mi costa.

Soy esa mujer, un espacio inmenso,
torrente en tu valle,
murmullo de tu ráfaga,
amor que late en lo infinito,
firme y deslumbrante.
Esa que siembra los surcos y su orgullo
entre las flores.
Y tú, hombre: pena y alegría,
no aprendes que después
será muy tarde.

CON EL VELO EN LA NOCHE

        Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche y cruzas en silencio el húmedo paisaje de mi cuerpo, el ala errante del viento se quiebra en nuestro sueño.
       La luna cae sobre el mar, llena de silencios. La tarde se vuelve tempestad, agua despeñada de lo alto, voz de lluvia. La rosa amarilla se abre al aire frío, susurran los árboles y tú bebes el secreto que vibra entre mis labios.
       Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche, una amapola se quema entre tus dedos.
       El amor abre sus alas a un canto de estrofas y se vuelve un río pensativo, una larga voz que moja las campanillas y los cardos.
       Cuando cubres mi espalda con el velo de la noche, en los aleros canta un pájaro salvaje.

MANOS MÁGICAS

       Sus manos, nubes blancas que invitan a jugar piñata con el lobo y los pollitos.
       Mariposas azules de un vestido nuevo. Lunas de azúcar en la ventana.
       Dos dulces que dicen mica a las crayolas. Un sol y un brillo con pizarras blancas.
       Ellas rompen el silencio, y buscan entre los labios las palabras, son un mundo de colores pequeños y gordos, colores de grama, agua, manzana y naranjada.
       Ellas le hablan del viento y de la lluvia, de la barquita que se aleja, y del avión que corre sin zapatos a las estrellas.
       Rompen su enojo y la tristeza, y le acarician la voz con su ternura.
       Son muñecas, queso, pan dulce, bolsón y galletas, letras y números para el cartón de sus montañas.
       Sus manos, vuelan en el aire para hablarle de cuentos y hadas. Países mágicos, donde los caballos tienen alas y las flores pies. Países mágicos donde los niños corren y cantan a una sola voz.
       Sus manos, vuelan en el aire y le llaman a clase.
       -Empecemos de nuevo: uno, dos, tres.
       Dos pájaritos blancos vuelan y llegan a la Virgen.
       La niña dice "mamá" y su voz de juguete se columpia en un enorme arcoiris de frutas.
       ¡El sol ha empezado a iluminar el horizonte!

    OTRA VEZ

La luz cae como una hoja seca para iluminarte todo...estás
largamente desnudo.
Otra vez tus dedos ansiosos traspasan mi pecho y el amor sube en sílabas de humedad hasta mis senos.
Tus labios erizan el manto de mi piel hecha de lunas, mientras el imbre de tu voz pone sonido al viento.
Otra vez tú y yo, campo y selva, bebemos del olvido en este
impulso de serlo todo, con el deseo de extendernos por encima de la más alta pregunta, para traspasar las metas de los siglos.
Otra vez acortamos las rutas para vernos y cerramos el paso del tiempo.
Mañana la noche estará vacía en tus brazos abiertos... mi
corazón se desprenderá como una campana entre tus dedos.
Déjame amarte de nuevo, y enterrar los miedos en los astros
quietos.
Quiero arrancar la tristeza, y extraviarla entre mis versos.

    A ESE HOMBRE

Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a desbordarse, que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de la espiga, que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio.
Como primavera sobre el trigo del otoño.
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto y una verdad sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, en sus ojos de oscuros desafíos.
Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos ytrinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el aroma, claveles
recién abiertos y flores niveas en mis sueños.

LA CHILIN
        Fue en un día azul de palabras mágicas, cuando mi padre la trajo a casa. Los árboles se mecían y el viento callaba. Llegó vestida de abril, desde un país lejano de música. La llamé "Chilin". Era una ardillita chiquita y nerviosa, tenía la cola flaca y sin pelo. En su carita sobresalían sus ojos negros y de su trompita los dientes de roedor. Dormía en una cajita de madera, donde se envolvía toda con trapos, calcetines y hojas, dejando apenas entrever sus ojos como dos fulgores en la oscuridad.
       Al poco tiempo de tenerla con nosotros, mi padre le compró una jaula enorme y muy bella. La "Chilin" creció y de pronto comenzó a visitarla una ardilla macho, que le regalaba en ramos pequeños de flores: la fronda olorosa, paisajes y agua fresca. La "Chilin" emocionada gozaba con agarrarlos entre las rendijas de la jaula, lo había aceptado ya como su novio. Muchas veces quisimos atraparlo, pero fue imposible. Él, estaba enamorado de la "Chilin", pero también amaba su libertad, los soplos de azul en la colina, los vigorosos árboles, el crepúsculo y los caminos frondosos. Cuando decidía visitarla, pasaban largas horas, uno frente al otro, separados por el cautiverio de la "Chilin". Entonces ella tomaba entre sus patitas nerviosas pequeñas gotas de rocío que reflejaban el inmenso campo mojado por la lluvia, hasta que el viento se las arrebataba. Entonces parecía sonreír...
        Un día la "Chilin" estaba muy triste, tenía los ojitos húmedos de llanto. La ardilla macho, se lastimaba la carita queriendo quitar el alambre de la jaula. Mientras en el exterior se deshojaban las estrellas al golpe de las hojas, atravesándome con una música gris en el corazón...Al verlos, sentí un gran remordimiento, entonces abrí la jaula. Mi sorpresa fue que entró la ardilla macho resignado al encierro. Esperé frente a ellos, silenciosa, sin cerrar la puerta. Salieron poco a poco, la "Chilin" saltó a mi hombro, espléndida , agradecida, bañándome de gracias. Se fue junto a la ardilla macho, por floridos juncos, con una aurora de frescura en la mirada. Afuera les recibieron los árboles, el silencio de las flores, el brillo de los cielos, los campos perfumados con olor a pino y a hoja de naranja. Desde ese día puse siempre comida junto a la jaula. Ellos llegaban alegres, con sus cuerpecitos mojados por el rocío y un encanto lleno de misterio, distraídos oliendo los claveles y saltando de rama en rama, hasta llegar a la cálida palmera empapada de cielo que adornaba el patio de la casa. La "Chilín" había dejado de ser gordita, hacía mucho ejercicio saltando de un árbol a otro. Pero luego vino el invierno y no los vi más. Quebró su junco la música y yo quedé como una niña con el corazón solitario...
        Pasaron no sé cuántas noches de lluvia, hasta que un día los rayos del sol se filtraron por la ventana de mi cuarto. El verano había llegado a las rosas, a las lilas y violetas, fresco, nuevo, galopante. Corrí al patio con la esperanza de verlos. Cinco ardillas saltaban entre los árboles de la quebrada, dichosamente juntas a la sombra de las ramas. Llamé a la "Chilín" por su nombre y ella volvió su carita nerviosa para verme, deteniéndose un instante me mostró con orgullo sus crías. Después saltó con ellas a otro árbol y les perdí de vista...
        Hoy después de tanto tiempo, cuando escucho ruidos de ardillas en la quebrada, imagino en cada una de ellas a la "Chilín", balanceándose al ritmo de las ramas de algún árbol fruta mirando nuestra casa, recordando quizás mis caricias tañidas por los dedos de la lluvia.
 
Yanirasoundy

Tamen

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